OESTE DE FRANCIA

Escapadita por el oeste de Francia: 4 días intensos donde visitamos Rennes, Cancale, Saint-Malo, Dinan y Vannes. Una aventura de 5 instagramers para retratar este país.

A principios de julio Edu Ramos (@edu_pixel), Gabriel Samper (@Kainx), Isa Colino (@Akanita7), Oscar Garcia Ortega (@Oscar_bcn) y yo mismo (@CarlesAlmagro), hicimos una visita a la Bretaña Francesa, situada al noroeste de este país. 4 días intensos donde visitamos distintas ciudades para descubrir su gastronomía y costumbres, a parte también de la increíble belleza de esta zona que para mí, era bastante desconocida… ERA!!!

Día 1: empezamos la escapada por la capital de la Bretaña, en el oeste de Francia: Rennes, que también es la ciudad más poblada. Lo primero que me llamó la atención de Rennes fueron sus casas medievales con fachada de entramado de madera. Desayunamos algo dulce, porque es la costumbre de allí. Tiene todo tipo de panes riquísimos, mermeladas, pasteles y muffins. Todo lo untan con mantequilla… Eche un poco de menos nuestro aceite de oliva, el pan con tomate y algunos embutidos pero me adapte rápido. Hicimos una visita a la exposición de la colección de Pinault “Debout !” en el Convento de los Jacobinos y el Museo de Bellas Artes, con unas sesenta obras de una de las colecciones de arte contemporáneo más grandes del mundo, tantas que nunca habían estado expuestas al público.

A la hora de comer teníamos que probar sí o sí la archiconocida Galette Bretonna, tan típica por esa zona, y así lo hicimos en la creperia Saint-Georges. Por la tarde hicimos una pasadita por el Parque Thabor y después decidimos perdernos por el centro del casco antiguo y a descansar, que venían 3 días intensos por el oeste de Francia

Día 2: nos levantamos un poco temprano para hacer una hora de viaje en coche de Rennes a Cancale por  la “Route de la Corniche” (ruta de la costa). La primera parada es el puerto de La Houle, rodeado por un pintoresco barrio adosado a un acantilado, en cuyas estrechas callejuelas vivían antiguamente marineros y pescadores. La ostra de Cancale es característica por su sabor, derivado de la riqueza del plancton de la Bahía del Mont Saint-Michel. Y a las 10 de la mañana nos zampamos algunos platos de ostras en el mismo puerto todo ello regado con vino blanco para que pasen mejor. Un plato de 12 ostras vale 5€ y las puedes comprar y comer en los puestos del mercado que hay allí mismo en el puerto. después de Cancale, hicimos una pasada rápida por La Punta du Grouin y marchamos rápidamente (con tanta ostra y tanto vino, se nos echó el tiempo encima) hacia Saint-Malo al que llegamos desde el mar, descubriendo la parte de Intra-Muros, siguiendo con nuestra visita por el oeste de Francia.

Saint-Malo, ciudad de tradición corsaria volcada en el mar, es hoy en día un centro turístico. Rodeada de murallas, fue reconstruida admirablemente después que el 80% de su superficie quedase destruido en agosto de 1944. La ciudad forma un soberbio conjunto, con las murallas, el castillo y bellos edificios. Es imprescindible pasear por las murallas para poder contemplar toda su belleza. No dejéis tampoco de ver la maravillosa puesta de sol des de la playa interminable de Saint-Malo. Al ser una playa tan grande, tiene un paseo infinito del cual se pueden hacer fotos increíbles sin que os molesten las personas que pasean por allí o ven como cae el sol en el oeste de Francia.

Día 3: mañanita con 2 horas de viaje de Saint-Malo a Dinan, con sus casi tres kilómetros de murallas, su castillo del siglo XIV y evidentemente no podían faltar sus casitas con entramados de madera de distintos colores. Dinan, junto a Saint-Malo aparece en la lista de los 10 pueblos más bonitos de la Bretaña, en un artículo de la famosa revista Conde Nast Traveler. Pasada obligatoria por la Rue Jerzual, que te transporta en el tiempo, y hablando de tiempo, también debéis pasar por La Torre del Reloj, a la que se puede subir por 4€ para admirar las hermosas vistas de esta ciudad medieval. Después de comer (ojo con los dulces de la Bretaña, que son un vicio), y de pasear un rato más por Dinan, hicimos otras 2 horas de viaje hacia Vannes, capital de Morbihan, donde disfrutaríamos de nuestro último día por el oeste de Francia.

Día 4: El día más corto de todos ya que por la tarde tenemos 2 horas de viaje hasta el aeropuerto de Nantes para coger el avión Vueling de vuelta a Barcelona. Desayunamos crepes, pan con mantequilla y más mantequilla (energía no nos va a faltar). Volvemos a dar otra vuelta por Vannes, recorriendo lo que no pudimos ver en nuestra llegada la noche anterior en este municipio amurallado de la Bretaña francesa. Estrechas calles adoquinadas y las puertas medievales de sus casas con estructura de madera. No dejéis de pasar por el castillo de l’Hermine y sus jardines en los fosos medievales de la muralla, donde tenían lugar los torneos organizados por el duque de Bretaña. Después de una buena “pateadita” para bajar el desayuno y de camino hacia la estación marítima, paramos a comer unos mejillones a la marinera en Le Corlazo en la orilla del golfo de Morbihan. Por último, dimos una vuelta de 2 horas en barco por este mar interior que tiene una anchura de 20 kilómetros, lleno de islas e islotes. Este viaje por el oeste de Francia me ha sorprendido muy gratamente y me ha dejado con ganas de visitar mucho más…

Au revoir!!

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