MIENTRAS TANTO

Mientras tanto

Lorenzo, muy madrugador, trabaja cada día de sol a sol. Lorenzo Solano, rubio y robusto, trabaja de soldador en una pequeña empresa en la Costa del Sol. Solitario por naturaleza, siempre ha soñado con encontrar a su medio pomelo.

Lunera, metro setenta, piel pálida y un poco pecosa, también trabaja de lunes a lunes. Pocas veces (por decir ninguna), ve la luz del astro rey. En su tiempo libre, le encanta mirar las estrellas, es algo que la hace sentir como en casa.

Cada día puntuales se cruzan en las puertas del bus numero uno de la parada Horizonte.

Al ser de las más frecuentadas, tardaron su tiempo en darse cuenta que los dos hacían el mismo horario pero a la inversa (aun que parezca extraño, durante años, no conocían el uno la existencia del otro). Fue un lunes de buena mañana cuando Lunera se fijó en Lorenzo al bajar radiante del bus. Él se quedo hipnotizado por  la mirada cristalina de ella. Des de aquel entonces, los dos tienen unas ganas locas de cruzarse en horizonte a la ida y a la vuelta del trabajo.

Él, demasiado tímido para pedirle el teléfono. Ella con demasiadas prisas para darle su Whats App. Y así cada día de su vida.

Las vidas paralelas es lo que tienen…

…Hasta que un día cualquiera de un mes cualquiera, el destino y la casualidad perdieron los papeles, y quiso que un fallo en la bujía de encendido localizada en la tapa del motor del bus numero uno en la parada Horizonte, dejara unos minutos cara a cara a estos dos individuos. El tal Solano se armó de valor para dirigir alguna palabra, y la Luna Lunera no tenía prisa para subir en el bus estropeado.

Los dos sintieron el tiempo en el estómago y las mariposas se detuvieron. Quedaron eclipsados.

Evidentemente Lorenzo y su estúpida timidez no lograron decir palabra, lo único que salió de su boca fue un gruñido, en forma de su número de teléfono. Por suerte, Lunera tenía una abuela sordomuda, que le hizo de canguro los fines de semana de cuando ella era menguante, y supo leer el numero de teléfono de los labios de él.

Desde aquel entonces, no dejan de mandarse mensajes día y noche, esperando que los astros se vuelvan a confabular para poder coincidir donde sea.

Comments (2)

  1. maria 5 marzo, 2015

    Que bonito Lets… Me has alegrado el horizonte:)

  2. Marta 29 marzo, 2015

    Encontrar un refugio en común… Un instante que era ajeno y ahora es eclipse

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